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Por: Grover Arango
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01/04/08 - El 19 de marzo de este año, Chantal Sébire fue encontrada sin vida en su casa cerca de Dijon, Francia. Días después, al practicarle la autopsia, encontraron en su sangre restos de Pentobarbital, una sustancia usada en varias partes del mundo para suicidios asistidos. ¿Qué había pasado?
Chantal sufría de una enfermedad no muy común: el neuroblastoma olfativo. Es éste un tipo de cáncer de las fosas nasales que produce malformaciones en el rostro. Chantal lo padecía desde ocho años atrás pero en los últimos meses le había causado severos problemas. Perdió el sentido del olfato, el gusto y, en noviembre de 2007, se quedó ciega. Además, sufría de dolores intensísimos y su aspecto era excesivamente desagradable.
En febrero, públicamente solicitó la eutanasia al presidente Nicolás Sarkozy. La recomendación de éste fue que buscara otras opiniones médicas para ver si encontraba un paliativo a su enfermedad. La negativa no desanimó a Chantal pues todavía esperaba el veredicto de la corte ante la cual había presentado su caso con anterioridad.
Para su mala fortuna, la instancia judicial también rechazó su petición el 17 de marzo. De acuerdo con la legislación francesa, lo más que se puede hacer en un caso como el de Chantal es someter a un paciente a un coma inducido y esperar a que muera. Ella rechazó esta opción cuando le fue ofrecida por parecerle una muerte indigna.
Muchos sospechan que se suicidó. Después de la negativa del sistema judicial francés, había compartido con sus familiares sus planes de ir a Holanda o a Bélgica, en donde la eutanasia es permitida, pero al parecer ya no tuvo ni las ganas ni la motivación para viajar y murió en su casa. Tal vez por su propia mano decidió hacer lo que se negaron a concederle.
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