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La Princesa y El Sapo Video, Especial TV parte 1

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La Princesa y El Sapo Video, Especial TV parte 2

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La Princesa y El Sapo señala el regreso de los Estudios Walt Disney Animation a la animación a mano, un regreso al cuento de hadas clásico y al musical.

John Lasseter, productor ejecutivo y gerente creativo de los Estudios Walt Disney Animation afirma: “Si hay una lección que podemos tomar de Walt para proyectar los Estudios Walt Disney Animation hacia el futuro, es la de potenciar la riqueza de su pasado: su entrañable narrativa, sus exitosos personajes, su opulencia musical; todo ello como parte esencial de nuestro último proyecto de animación a mano”.
Los directores vieron que la animación a mano era un medio que seguía siendo vibrante y atractivo y se aventuraron a la recreación del arte de Disney Animation con respeto, determinación y una renovada sensibilidad.

Una vez, hace no muchos años, la animación tradicional a mano de Disney cedió su lugar a la nueva tecnología, y así se dejó atrás el arte que más se identifica con el propio Walt Disney.

En 2006, cuando John Lasseter y Ed Catmull tomaron las riendas de los Walt Disney Animation Studios, comprendieron que la tradicional artesanía de la animación de Disney no había perdido su valor ni como arte ni como entretenimiento. Y si bien la fama de Lasseter provenía de haber sido un pionero en el campo de la animación computarizada, su amor no era exclusivo de esta técnica. Lasseter creció viendo animación tradicional y allí comenzó su carrera, en la tradición inventada por Disney, alimentada y desarrollada a lo largo de décadas hasta ser un arte en sí mismo. Así fue que se concibieron nuevas realizaciones animadas, con la técnica de animación más adecuada para cada caso.

“Nos invitaron a proponer ideas para nuevas películas de Disney animadas a mano”, recuerda el director John Musker. “Todos nos sentimos particularmente inspirados por el cuento ‘El príncipe sapo’ de los hermanos Grimm.”

Estamos regresando a la narrativa sincera y clásica del cuento de hadas de Disney. Es una vuelta al musical, y también a la calidez y grandeza de la animación y de los fondos realizados a mano. Todo eso, junto, nos hace sentir como de regreso a casa.

El productor Peter Del Vecho se complace en formar parte de este revivir de una grandiosa forma de arte. Dice: “Hay algo verdaderamente reconfortante al ver cómo el animador toma el lápiz, el papel y luego, cuando miramos la película, nos olvidamos de eso, ya que los personajes parecen salirse de la pantalla. Es como si los lleváramos a casa con nosotros en nuestra mente, ya que cada uno posee vida propia”.
La música era otro elemento del legado de Disney que el equipo creativo deseaba retomar, pero en una nueva dirección. Clements y Musker propusieron que el film fuera un musical, pero no al estilo tradicional de Broadway, del que Disney fue pionero en 1937 y que luego reinventó en los años ‘80. La idea, esta vez, fue que la música fuese un tapiz de zydeco, blues, gospel, jazz y todos los sonidos distintivamente “estadounidenses”.

El regreso a la tradición permite al público compartir una vez más la oportunidad de ver si el amor verdadero puede triunfar, de alentar un final donde todos viven felices para siempre y de dejar a todos tarareando esa canción que no puede sino permanecer en la cabeza durante un buen tiempo.

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